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(Vacío)
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"RENACER" al volante de los clásicos  
EL MUNDO DE CASTILLA Y LEÓN: LAS CARAS DEL ÉXITO
 
 
Arrancó el motor de MM Clásicos hace ya casi dos décadas para dar << una nueva vida>> a glamurosos vehículos de los años 40 a los 80. Jose Vicente Díez fue el primero en introducir modelos que no existían en España.
Por su taller han "rodado" ya centenares de joyas de cuatro ruedas que viajan por todo el mundo.
 
Quitó el pie del acelerador, echó el freno de mano, cerró la puerta a un «muy buen sueldo» y se apeó de la multinacional química en la que ejercía como ejecutivo. Fue su particular choque antiestrés y dar una «nueva vida» a coches clásicos.
 
Hace ya 19 años que este «niño grande», que no se desenganchó nunca de su pasión infantil, puso a rodar el motor de M&M Clásicos, una empresa que compra, almacena, repara, restaura, ‘mima’ y vende veteranos de la carretera.
 
 
José Vicente Díez Monforte decidió entonces dar un brusco volantazo y, sin mirar por el espejo retrovisor, abandonó la bata blanca, prendió la luz del garaje y se enfundó el ‘mono’ de mecánico para ‘renacer" y dar una nueva vida a coches clásicos.
 
Antes jugaba con miniaturas, ahora con ‘joyas vintage’. Y lo hace desde Quintanar de la Sierra, un pueblecito en la Demanda burgalesa, adonde llegó de ‘copiloto’ de su entonces pareja, natural de allí. Adquirió una nave, pese a que «nadie creía que fuera un acierto instalar un negocio de estas características en un pueblo tan alejado» rememora.
 
Pero el tiempo les quitó la razón. Ya son «centenares» los coches que ha vendido y «centenares » los que han cobrado vida en sus manos en estas dos décadas. No fue el único prejuicio que desmontó. En un momento con «escasa afición» en este país por los coches clásicos.
 
 
Díez se convirtió en uno de «los primeros » en introducir modelos «que no había en España»: coches americanos, su debilidad, pero también alemanes e ingleses. El primero que ‘condujo’ de Estados Unidos a su garaje fue un emblemático Cadillac Eldorado de 1959, porque, como recuerda, constituía desde siempre un «icono» personal. Y allí permaneció, junto a él, durante quince años.
 
 
A ese Cadillac le siguió un Buick Rivera del 72, un Mustang, un Rolls Royce, un Dodge, un Lincoln, un Jaguar, un Ferrari... y así hasta convertir sus instalaciones burgalesas en un museo, en un paseo por la historia viva de la automoción de los años 40, 50, 60, 70 y 80.
Ha llegado a disponer de una selección permanente de 200 vehículos, algunos de ellos tan exclusivos como el Corvette Avanti que ocupó Frank Sinatra, el Mercedes 230 SL de Brigitte Bardot....
 
 
Ahora Díez ha rebajado el número de vehículos expuestos y opta por mostrar una «variedad justa» para que sus futuros compradores «no se despisten». Y es que traspasar las puertas de M&M Clásicos es sumergirse en un decorado de película americana del ayer. Se respira aquel mismo «glamour», con esos carteles evocadores, esas características matrículas, dibujos de chicas ‘pin up’, latas, tapacubos... y, de fondo, rock and roll.
 
Lo que comenzó siendo un negocio de comercialización de vehículos clásicos se convirtió pronto en un auténtico taller. «Nació como una demanda de los clientes. Les preocupaba adquirir un vehículo de estas características y no encontrar después un taller donde  repararlo», explica. Así fue como pasó de vendedor a mecánico, aunque, como señala, su afición por desnudar las entrañas de un vehículo se remonta ya a los doce años cuando desmontó el coche de su madre. Menos mal que «las madres lo perdonan todo», comenta con una sonrisa.
 
 
Sus verdaderos conocimientos de mecánica los fue adquiriendo «sobre el terreno». Leyó todos esos libros, que se cuentan por millares, de su biblioteca privada, pero sobre todo se llenó las manos de grasa. Él y su equipo de diez ‘artesanos’ armaron y desarmaron carburadores, bujías, motores, limpiaron filtros, sustituyeron piezas, pulieron carrocerías, hasta lograr poner a punto y devolver a la máquina el brillo cromado de antaño, con su sello personal e incorporar, eso sí, sistemas modernos de frenado y mejoras en el confort, como la dirección asistida. «Es un trabajo de mecánica pura y dura. No existe ninguna máquina que diagnostique lo que le sucede a estos coches, como sí ocurre ahora», detalla.
 
A Díez no se le ha resistido ningún coche. Todos los ha podido poner en circulación, aunque alguno le haya llevado incluso cuatro años de trabajo. «Algunas personas piensan que estos coches no andan, que son meros elementos decorativos, pero no es así. Funcionan siempre que se respete su confección y se sea consciente de que no se puede hacer lo mismo que con los modernos», explica.
 
 
M&M Clásicos no recicla, no recupera coches abandonados, ni coches del desguace.              
Lo que hace, y lo que hizo desde sus inicios, es buscar, traer a España y después restaurar modelos clásicos «con empaque, con calidad, más interesantes». Eso le convirtió en una de las primeras empresas de España en importar vehículos con historia.
 
A él le seguirían otros más, si bien, según precise un alto porcentaje de los coches clásicos americanos que han pisado suelo español han llegado de su mano. «La lástima es que la crisis económica ha hecho desaparecer a la clase media española y eso ha impulsado que muchos de esos vehículos hayan vuelto a salir de España», afirma Díez, a quien le «molesta» comprobar que «el mercado español está con el paso cambiado » y que «no se perciba un coche de estas características como una inversión». «Con lo que hemos luchado por traer algunas piezas... ».
 
De hecho, hace números y asegura que actualmente el 70% de sus vehículos «viajan fuera» de nuestras fronteras. El más ‘viajero’ de cuantos ha destripado se fue hace siete años a Vladivostok, una ciudad rusa cerca de las fronteras con China y Corea del Norte. Dentro de poco ‘emigrarán’ algunos de los que está reparando hacia Qatar y Arabia Saudí. Sus clientes son coleccionistas, «aficionados de verdad», personas que aman estos coches, que han ahorrado años hasta poder pilotar los mandos de un pedazo de la historia. Trata de huir de esos fondos de inversión que adquieren un vehículo como negocio. «No me interesa ese mercado», sostiene, pese a que éste «mueve cifras brutales».
 
 
Sí se dejó tentar, aunque con «muchas reticencias iniciales», por el mundo televisivo.
Hasta Quintanar de la Sierra viajó Discovery Max para que abriese la intimidad de su garaje a la televisión  y mostrará la increíble transformación de deteriorados automóviles clásicos en joyas de cuatro ruedas.
Aceptó porque era una forma de llevar su trabajo a «todo el público». Espectadores de 50 países disfrutaron de House of Cars.
Grabó dos temporadas y se apeó. «No soy un producto televisivo». Más bien, no quiere serlo, y no desea que el «show» vuelva a empañar el minucioso trabajo que supone dar una «segunda vida» a uno de sus juguetes.
 
Enciende las ‘luces de emergencia’ al hablar del futuro. Teme que estos coches acaben un día siendo sólo pieza de exposición en un museo. Lo serán si las autoridades comienzan a poner restricciones a su circulación, por lo que pide leyes que les proteja.
 
 
Y lanza otra señal: «Todos trabajaremos con los mismos coches». «Desde que se introdujo la electrónica en los vehículos de los años 80 y esa caducidad programada, los coches ya no son coleccionables». «Los modernos son sólo máquinas al servicio del hombre, y a los diez años ya están obsoletos », lamenta, mientras augura, por tanto, una «disparada revalorización de los modelos clásicos». Ese quizás sea el futuro. El presente: una empresa que ruge motores y pisa el acelerador.
 
MAR PELÁEZ- Burgos
 
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